Friday, May 22, 2009
Reflexion
El feminismo en Puerto Rico en el umbral del nuevo milenio: Retos y Alternativas. Por Maribel Caro
Martes 25 de junio de 2002
Debo decir que me considero parte del movimiento feminista, no porque he seguido su trayectoria y lo conozco cabalmente, sino porque en mi vivencia como mujer he reconocido la importancia de que haya políticas y planes de trabajo que cuestionen la opresión y adelanten la paz, la justicia y el bienestar de las mujeres en todo el sentido de la palabra.El movimiento feminista ha luchado incansablemente para lograr relaciones de equidad entre los géneros, la participación y no explotación de las mujeres en el sector laboral, condiciones justas de empleo y de salario, que se nos reconozca el derecho de controlar nuestros cuerpos, nuestras vidas y nuestra sexualidad y a vivir una vida libre de cualquier manifestación de violencia. Hemos luchado por nuestros derechos como humanas y para que se mantengan y amplíen nuestras conquistas. Hemos afirmado el derecho a participar de los procesos que impulsen políticas económicas comprometidas con la erradicación de la pobreza, con garantizar la vivienda adecuada, la salud, la educación y otras muchas necesidades. Todo este valioso trabajo se ha gestado desde diferentes frentes: los centros de trabajo, las organizaciones de mujeres y las no gubernamentales, la academia, los movimientos estudiantiles, los partidos y organizaciones políticas, las organizaciones de derechos humanos; a través del trabajo cotidiano, el activismo político, la integración en los medios de comunicación, las conferencias internacionales, las políticas públicas, las investigaciones y las actividades educativas.
Este ha sido un trabajo de valor incalculable, en el que se ha invertido la energía de muchísimas mujeres - y hombres también - conscientes y comprometidos con la justicia y la dignidad. Gracias a gestiones políticas, académicas, legales y sociales se han alcanzado logros significativos en favor del bienestar de las mujeres.Sin embargo me parece que en el proceso de intelectualizar, politizar, legalizar y socializar estas condiciones, nos hemos perdido, se ha perdido algo de nuestra esencia.
¿Qué es lo que quiero decir con esto? Lo que intento decir es que me parece justo y necesario hacer investigaciones en torno a los asuntos que nos afectan y llevar a cabo gestiones políticas, legales y sociales para mejorar nuestras vidas, pero me parece que en ocasiones en estos procesos se percibe a las mujeres como algo abstracto y homogéneo, cuando la realidad es que hay una gran diversidad de mujeres con necesidades particulares que no necesariamente están representadas . Y más allá de eso, que las mujeres necesitamos no solo que exista una consciencia y que se den gestiones para garantizar nuestro bienestar y desarrollo, sino también que se dediquen esfuerzos y se creen y validen espacios en los que podamos sanar y expresar nuestros pensares y sentires acerca de lo que ha sido la experiencia de opresión. Ya estamos listas para que no solo haya voces que hablen de y por nosotras, sino para gritar a viva voz lo que nos ha dolido y lo que necesitamos para sanar.Cambiar las condiciones extrenas de la vida de las mujeres tiene que comenzar con un procesod de transformación desde adentro, desde el interior de nosotras mismas y desde el interior del movimiento.
El movimiento feminista en Puerto Rico se encuentra actualmente en una etapa de reflexión y cuestionamiento. Ha sido preciso hacer un alto para pensar y sentir. Celebramos día a día nuestros logros y continuamos la lucha para protegerlos y ampliarlos. Pero escuchamos a menudo a algunas de nuestras compañeras, veteranas en el movimiento, reconocer y gritar su cansancio, el deseo y la urgencia de hacer las cosas de otra manera. ¡ Qué bueno que hay algunas de ellas que lo reconocen ! Un cansancio que ha sido el resultado de trabajar para las mujeres a veces ignorando que nosotras estamos incluidas entre ellasl y tenemos necesidades. "En la vorágine de las reuniones, el cabildeo y las conferencias internacionales, entre informes, propuestas y ponencia nos hemos perdido a nosotras mismas. Y quizás parte de la eazón por la cual se nos hace difícil constituir el relevo es por que nosotras no somos atractivas, nuestro estilo de trabajo de sacrificio no necesariamente atrae a mujeres nuevas."
"Lo personal es político", uno de los argumentos que inspiró al movimiento. " Lo personal sigue siendo político", título de un artículo que cito, publicado en diciembre del 2000, por Adriana Santa Cruz, feminista, activista y directora de la Revista Fempress. "Sufro en carne propia el síndrome que afectó a gran parte de las mujeres que fuimos construyendo esta última ola del movimiento feminista en América Latina: llegamos, nos encontramos y nos hicimos complíces por un llamado viceral irresistible. De Ahí sacamos la fuerza, la imaginación y la pasión para exigir los cambios que hoy están a la vista. En el proceso nos fuimos institucionalizando, profesionalizando, burocratizando también. Hicimos leyes, alianzas políticas, cramos oficinas de la mujer en los Estados, cátedras de la mujer en las universidades, organizamos conferencias regionales y mundiales y espacios de comunicación como éste. Nos hicimos eficientes trabajadoras de la causa de las mujeres y sin saber cómo, parte importante de las tripaS se nos fue quedando en el camino." Lo que inspiró al movimiento parece de alguna manera se perdió en el camino. Promovemos la salud de las mujeres, pero no cuidamos de nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones y nuestro espiritú; reclamamos la paz y la no violencia, pero en ocasiones somos las primeras en violentar y boicotear nuestros propios procesos, reclamamos mejores condiciones de trabajo, pero se nos hace difícil parar de trabajar excesivamente. Y encima de esto hemos ignorado y nos hemos tragado el coraje, la frustración, la tristeza y el dolor que todo esto nos ha genenrnado."
Otro cuestionamiento que se est’a planteando en el interior del movimiento feminista en Puerto Rico y creo que en otros países de Latinoamerica, es el modelo de trabajo, las estructuras en las que estamos tratando de funcionar. Y digo tratando de funcionar por que de alguna manera se manifiesta un desgaste en los recursos humanos y cierta dificultad en lograr que el trabajo sea lo suficientemente efectivo y está integrado por la mayor parte de la gente. Lo que se está viendo actualmente es un exceso de trabajo, distribuido entre un mínimo de personas. Los trabajos administrativos relacionados con la adquisición de fondos para que los programas funcionen absorben gran cantidad de la energía y del tiempo. La estructura de las juntas directivas requeridas por los valores y princiios de quines conceden el dinero, no necesariamente responde a nuestras necesidades y expectativas. Este tipo de estructura jerárquica es parte de un modelo masculino y patriarcal que va en oposición a nuestro interés de crear estructuras m’as horizontales y equitativas. Las actividades educativas, en ocasiones no tienen gran alcance debido a la falta de participación. Lo que concebimos como alternativas a esta situación es: mayor ingerencia en los medios de comunicación masiva, los procesos de intercesoría y el fomentar la participación de personas voluntarias y comprometidas con el movimiento.
Pero más allá de los retos, me gustaría reconocer y honrar a las mujeres, los proyectos y las organizaciones de base que han asumido el trabajo feminista desde una perspectiva holística e integral, percibiendo a las mujeres como seres totales, espirituales, políticos y sociales que forman parte de una historia ancestral que las sostiene y las impulsa.
Como una mujer joven y relativamente nueva en el movimiento, debo decir que valoro las reflexiones y cuestionamientos que se están planteando entrando el nuevo milenio. Considero esto parte de un proceso de renovación. Siento que el llamado viceral y la pasión permanecen y es precisamente esto lo que nos hace visualizar nuevos estilos de trabajo y otras formas de transformación. Creo firmemente en la necesidad de mantener el compromiso y trabajar por una vida justa, digna y de paz para las mujeres, a partir de nosotras mismas. Veo la necesidad de integrar nuestros procesos personales a la lucha, en lugar de excluirlos. Todo debe comenzar desde nosotras y extenderse hacia las demás. De esta manera el movimiento será un organismo integrado y no fragmentado.
Pertenecer al movimiento feminista ha sido para mi una bendición. Siento que he desarrollado una conciencia y un estado de alerta, que me permite ver claramente, en la vida cotidiana, las manifestaciones de las distintas maneras de opresión. He crecido como mujer, como trabajadora, como madre, como activista, como organizadora, y es mucho lo que me falta. Y es precisamente por eso que estoy aquí, para continuara creciendo y para que el movimiento en favor de la transformación y la paz para las mujeres y para el mundo cuente conmigo.
Maribel Caro es una activista de la Coalición de los Derchos Reproductivos de Puerto Rico. Su ponencia fue presentada en la mesaredonda sobre Feminismo en el Caribe que fue parte de la 26ta. Conferencia Anual de la Asociación de Estudios del Caribe (AEC) celebrada en Puerto Rico en Mayo del 2001.
MANIFIESTO FEMINISTA LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE
Ante el brutal colapso del sistema capitalista-patriarcal a nivel global y el derrumbe de su estructura económica, política y social, así como también ecológica, cultural, sexual, psíquica y espiritual, llamada: civilización occidental (primermundista, blanca, racionalista, urbana, androcéntrica, judeo-cristiano-islámica), edificada en los dos pilares fundamentales de la opresión social: la propiedad privada y la división del trabajo que hacen posible la explotación humana. Y ante la integración cada vez más profunda del feminismo-derechista (burgués procapitalista generista y queer) a dicho Sistema.
Es urgente una respuesta feminista de las mujeres -y hombres- proletarios que luchamos junto con los demás sectores sociales explotados obreros, campesinos, indígenas, negros, mujeres, migrantes, desempleados, tercermundistas, amas de casa, ancianas (os); niñas y niños, entre otros, hacia la construcción de una organización internacional justa.
El nuevo sistema de dominación mundial: el neopatriarcado-capitalista -disfrazado de “post/capitalismo”- tiene como característica el integrar en su seno a ciertas personas pertenecientes a los sectores sociales históricamente explotados, marginados o rechazados desde naciones tercermundistas y regiones colonizadas; obreros y campesinos; indígenas y pueblos originarios; negros y afroamericanos, hasta mujeres; niños y jóvenes; personas con discapacidad y ancianos, así como homosexuales y transexuales, entre otros, integración que hace sumamente difícil identificar como enemigo a dicho sistema.
Ello explica, porqué la fuerte corriente política del feminismo-socialista que inició con gran impulso durante la década de los 70 del siglo pasado, fue desarticulada junto con los grandes movimientos de trabajadores, populares, raciales y tercermundistas (entre estos, el latinoamericanista) que asimismo se encontraban en un proceso de ascenso. Después de dicha desarticulación alrededor de la segunda mitad de los setenta y la segunda de los ochenta, se implantó durante los noventa la globalización económica con su ideología neoliberal-posmoderna, impuesta por el mundo unipolar norteamericano, pero, integrando a las corrientes sociales reformistas y oportunistas que quedaron después de dicha desestructuración de dichos movimientos sociales. Misma, que ha sido devastadora económica, política y socialmente contra los pueblos “en vías de desarrollo”, la clase trabajadora, los grupos étnicos y raciales y las mujeres de todos éstos.
Razón que explica porqué se desvió aquel feminismo que luchaba por una profunda transformación social hacia un feminismo totalmente integrado a dicho sistema de opresión, es decir, la fusión del feminismo burgués derechista e izquierdista oportunista con el neopatriarcal-capitalista, que finalmente ha convertido a este en agente del mismo sistema contra las propias mujeres. Por lo cual es necesario y urgente re-construir un movimiento feminista re-evolucionario.
Las crisis cíclicas propias del capitalismo, las resuelve éste mismo a través de la destrucción masiva de ciertas fuerzas productivas humanas y naturales: guerras, hambrunas, migraciones forzadas, conflictos interétnicos, religiosos o raciales, ataques ocultos con armas biológicas o químicas, etc. Proceso que va a continuar eternamente reciclándose hasta que lo permitamos la clase trabajadora, las mujeres, los indígenas y negros y los pueblos colonizados.
Por lo mismo, invitamos a las feministas que luchan contra los cinco eslabones del patriarcado: el imperialismo, el capitalismo, el racismo, el sexismo y el ecocidio (y ahora el generismo y el mercado de la diversidad sexual MDS) a reunirnos para intercambiar opiniones sobre la urgente necesidad de un feminismo re-evolucionario en la construcción de una nueva sociedad, misma que elimine la opresión y explotación entre las naciones, las clases sociales, las razas y sexo-genérica, a su vez, respetando diferencias y especificidades. Invitamos a una reunión de feministas socialistas y comunista proletarias a la luz de la actualización de la perspectiva feminista marxista iniciada durante los 70.
Continuando con la lucha de todas y todos nuestras (os) desaparecidos, torturados, asesinados y presos políticos de Chile, Guatemala, Argentina, Perú, Cuba, Bolivia, Nicaragua hasta Venezuela, Haití, Ecuador, Dominicana, Brasil, Puerto Rico, Colombia, Salvador, entre otros.
Publicado por la trinchera en Noviembre 23, 2008
Artículos para
La liberación de la Mujer
Organizadora del movimiento feminista socialista alemán e internacional, una de las cabezas en la lucha antirreformista, internacionalista durante la Primera Guerra Mundial, cofundadora y dirigente del Partido Comunista alemán. Pepe Gutiérrez-Álvarez escribe sobre esta importante luchadora.
« . . .El primer enfrentamiento de clase que se produce en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el matrimonio monógamo, y la primera opresión de clase coincide con la del sexo femenino por el masculino. Históricamente el matrimonio monógamo constituye un gran paso hacia adelante, pero, sin embargo, junto con la esclavitud y la propiedad privada, abre un periodo, que ha durado hasta nuestros días.-. que cada paso hacia delante es también, en términos relativos un paso hacia atrás, en el que la prosperidad y el desarrollo de unos se ha ganado a costa de la miseria y frustración de otros. (el matrimonio monógamo) es la forma celular de la sociedad civilizada en la que puede verse ya la naturaleza de los enfrentamientos y contradicciones que actúan de lleno en dicha sociedad».
F. Engels
Organizadora del movimiento feminista socialista alemán e internacional, una de las cabezas en la lucha antirreformista, internacionalista durante la Primera Guerra Mundial, cofundadora y dirigente del Partido Comunista alemán, miembro destacado de la Internacional Comunista y amiga de Lenin (1), diputada y propagandista, Clara Zetkin, aunque cuenta con todos los atributos biográficos para-figurar entre las grandes personalidades de la historia del movimiento obrero mundial suele aparecer como un personaje característico pero secundario en todas las historias generales del socialismo.
Mucho más justo fue Andreu Nin cuando escribió:
“Clara Zetkin era un magnífico ejemplar de caudillo revolucionario; pero de caudillo auténtico, no de esos que se fabrican en el laboratorio de la burocracia estalinista y atraviesan como una cometa el cielo del movimiento obrero y su divorcio con la masa, cuyos intereses y aspiraciones pretenden representar. El caudillaje de Clara Zetkin estaba cimentado por más de medio siglo de actividad militante, por el prestigio de una vida entera de abnegación y sacrificios consagrados a la causa proletaria. Los obreros alemanes que habían visto a esa magnífica combatiente se cuentan por millones; sería difícil, por no decir imposible encontrar a uno solo que no conociera su nombre, unido indisolublemente al movimiento obrero desde los primeros pasos del proletariado alemán en el camino de la reorganización política hasta los últimos tiempos” (2).
Aunque Clara no fue una militante muy versada en el terreno teórico, ni una innovadora, no por ello dejó de ser una notable divulgadora de diversos gigantes, como lo fueron Engels y de August Bebel de cara a la cuestión de la mujer; Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en la lucha política dentro de la socialdemocracia alemana y de la IIª Internacional, así como de Lenin y Trotsky en los primeros años del Komintern, del luxemburgista Paul Levi en los albores del comunismo alemán y, en su decadencia-: de Stalín, aunque -en este extremo conviene hacer importantes matizaciones. El “motor” de su militancia fue primordialmente su odio a las injusticias que había podido ver desde muy joven. El socialismo no era para ella solamente una finalidad histórica, era ante todo una exigencia inmediata.
Sus actividades políticas militantes se extienden desde los inicios de la socialdemocracia alemana hasta 1932, un año antes de su muerte. A su parecer, durante este tiempo:
“El desarrollo del imperialismo y el paso del capitalismo preferentemente concurrencial a capitalismo en el que prevalece el monopolio, con la creación de los monopolios nacionales y la agudización de las contradicciones imperialistas ( que) provocaron tensiones tan violentas en las relaciones ente el proletariado y la burguesía y en el mismo seno del proletariado y sus organizaciones tradicionales -creación de la Segunda Internacional (1889), la aparición del revisionismo y fundación de la Tercera Internacional (1919), revolución en Rusia y derrota de las revoluciones en Europa occidental- que la experiencia de la dirigente alemana se nos presenta muy compleja y fragmentaria, difícil de sintetizar en una sola valoración” (3).
Por todo ello, y sobre todo por su lucha al frente del feminismo socialista -que alcanzó con ella unos niveles de organización y desarrollo intelectual que no sobrepasará jamás después-, Clara Zetkin puede hacerse excusar su adaptación al estalinismo que era un fenómeno muy difícil de comprender para alguien como ella que había interiorizado la derrota del proletariado alemán entre 1918 y 1923 y que ya se encontraba al margen del movimiento real, convertida como ocurría con Nadezha Krupskaya, la viuda de Lenin, en una figura simbólica que se utilizaba para dar brillo a una burocracia cuyos objetivos eran contrapuestos a los que ella había defendido toda su vida.
Clara Zetkin, nacida Clara Eissner, era hija de un maestro rural de Sajonia y nació el año 1857. Aún no se ha publicado ninguna biografía rigurosa sobre ella -a pesar que en la República democrática alemana pasa por ser uno de sus santos iconofinados y que en la URSS está enterrada con los máximos honores-, pero sabemos que entre los diecisiete y los veinte años estudió magisterio en un instituto privado de Leipzig, donde conoció a un grupo de estudiantes rusos exiliados y vinculados al populismo. Entre ellos se encontraba Ossip Zetkin que militaba en el incipiente socialismo marxista alemán hasta que fue expulsado por sus actividades políticas. Clara se trasladó entonces a Zurich para poder visitarlo en Francia. En esta ciudad alemana conoció a George Plejanov y también a Vera Zasùlich. Por entonces comienza su vida militante colaborando con Julius Mottelert que pasaba clandestinamente el órgano del partido socialista de Francia a Alemania. Sus primeras clases de marxismo las recibe de Eduard Bernstein, a la sazón el discípulo predilecto de Engels.
En noviembre de 1882 es perseguida por la policía y se traslada a París donde contraerá matrimonio con Ossip y permanecerá durante ocho años sin dejar de cooperar con su partido. Durante este tiempo, Clara conoce y hace amistad con algunas de las figuras más notables del socialismo de entonces: Eugene Pottier, autor de la letra de La Internacional; Louise Michel, las hijas de Marx, Jenny y Laura; los dirigentes marxistas franceses Paul Lafarque y Jules Guesde, etc. Al final de la década es nombrada delegada de las mujeres socialistas de Berlín y toma parte en los preparativos del Congreso Constituyente de la Internacional Socialista opuesta a la Internacional posibilista que también quiso crearse en París. Al año siguiente, en 1890, tras la derogación de la “leyes antisocialistas”, vuelve a Alemania para convertirse en uno de los cuadros más significados del socialismo alemán que sería hasta 1914 el espejo donde se miraría el socialismo internacional.
En 1891 funda y dirige “Die Gleichheit” (La campana), órgano para las mujeres socialdemócratas y que llegará quizás a ser el periódico feminista de mayor tirada y de mayor influencia de todos los tiempos. El grupo femenino del SPD se crea sobre la base de una plataforma de reivindicaciones democráticas. Se trata de conseguir no sólo el derecho de voto de las mujeres sino también el más simple de poder organizarse sindical y políticamente, derechos que están explícitamente prohibidos aunque ellas saltaron por encima de la legalidad protegidas por la importante fuerza del partido. Sus concepciones teóricas sobre la cuestión femenina están fundamentadas en dos obras clásicas del socialismo: El origen de la propiedad privada, la familia y el Estado (4), y La mujer y el socialismo, de August Bebel, (5) y avanzan nuevas ideas sobre nuevos problemas en el orden organizativo y sindical aunque encuentran una dura oposición por parte de la burocracia sindical y de algunos notables del partido en proceso de instalación en el statu qua.
Stuttgart será el principal centro ciudadano de su intervención -que en períodos de campañas políticas se extienden por todo el Estado- que pase a ser uno de los “feudos” de la izquierda revolucionaria y la ciudad donde las mujeres socialistas gozan de una mayor implantación. En 1893 participa en el tercer Congreso del partido socialdemócrata que tiene lugar en Zurich y donde entabla amistad con Engels que morirá dos año más tarde. Desde este Congreso la presencia de Clara será indisociable de todos los Congresos nacionales e internacionales del socialismo, lo mismo que lo será de todas las conferencias de mujeres. En 1896 en el Congreso del SPD que se celebra en Gotha, Clara presenta el primer informe partidario importante sobre la cuestión de la mujer y las tareas de la socialdemocracia en donde se adelantan la exigencia al voto feminista, punto en el que muchos partidos socialitas no se mostrarán tan avanzados.
En 1899 Clara, que había quedado viuda, se casará por segunda vez, en esta ocasión con el pintor George Friedrich Zundel, del que se separará no mucho después; pocos años más tarde, quedando ella sola al cuidado de los dos hijos que había tenido con Ossip (6).
Durante varios años su potente voz (”Los discursos de Clara, escribirá Nin, electrizan a la multitud. En su oratoria, por decirlo así, una oratoria pirotécnica, unos fuegos artificiales de imágenes brillantes y vigorosas, que deslumbran y enardecen. Los que hemos visto a Clara Zetkin en la tribuna, en el ocaso de su vida, nos imaginamos fácilmente lo que debía de ser en su juventud. ¡Qué entusiasmo, qué energía, qué pasión animaba a aquella mujer septuagenaria! ¡Cómo se transformaba, iluminada por el fuego interior que ardía en aquel cuerpo minado por los años y la enfermedad!»), será la de la izquierda revolucionaria y será en los debates, el martillo contra los oportunistas en el partido y en la Internacional.
En el famoso Congreso de Sttutgart de 1907, en el que el trío Lenin-Rosa Luxemburgo-Martov, planteó una dura batalla sobre la cuestión de la guerra, Clara llevaría por su parte una violenta requisitoria en la comisión para tratar el derecho al voto de las mujeres contra los austromarxistas, a los que acusó de haber interrumpido la propaganda por este derecho. En otra ocasión, ella escribirá lo siguiente sobre este tema:
“La Segunda Internacional toleró que las organizaciones inglesas afiliadas lucharan durante años contra la introducción de un derecho de voto femenino restringido… permitió también que el partido socialdemócrata belga y, más tarde, el austriaco, se negaban a incluir, en las grandes luchas por el derecho del voto, la reivindicación del sufragio universal femenino. . . que el partido de los socialistas unificados de Francia se contentasen con platónicas propuestas parlamentarias para la introducción del voto de la mujer” (7).
En el Congreso de Copenhague (1910) fue ella la que propuso la puesta en marcha de un “primero de mayo femenino», que tendría lugar cada ocho marzo en memoria militante de las mártires de la fábrica de algodón Cotton de Nueva York que mientras hacían huelga fueron quemadas vivas en un número de 129 mujeres por responsabilidad directa de su patrón que anteponía el beneficio a unas condiciones mínimas de seguridad. En los años que preceden al estallido de la Gran Guerra, Clara dedica su mayor esfuerzo a la lucha antimilitarista, así en el Congreso de Basilea (1912) presentó un extenso y apasionado informe sobre la amenaza de guerra y la necesidad consiguiente de que la Internacional respondiera con la huelga general y si era posible con la revolución.
Dentro de la larga y apasionante biografía de Clara Zetkin es la cuestión de la mujer trabajadora la que ocupa un lugar más intenso y prolongado. Es un tema que la acompaña desde que empezó su intervención en este terreno «bajo la guía de Friedrich Engels» del que aprendió “los principios de la lucha de clases y no sólo de la administración de importantes organizaciones”(8), hasta el final de su vida cuando en sus llamadas a la lucha contra el fascismo subrayaba la importancia que en este combate tenían las mujeres. Aunque no escribió ningún estudio destacado, Clara demostró con el ejemplo indiscutible de la práctica que se podían organizar a miles de mujeres trabajadoras que engrosarían los rangos proletarios dándole una amplitud extraordinaria. La organización femenina de los socialistas alemanes sirvió como ejemplo para el movimiento socialista internacional. Su horizonte no fue solamente europeísta, extendió también su mirada por el mundo colonial. En uno de sus informes escritos para el Komintern dice:
“Lo que merece una atención particular es el hecho de que en los países del Próximo y Extremo Oriente, las mujeres vinculadas a las tradiciones, a las costumbres ya la servidumbre religiosa milenarias se están moviendo. No me estoy refiriendo, ahora al pequeño estrato de mujeres orientales poseedoras, pioneras de su sexo, que han conquistado erudición, saber y cultura moderna en las universidades europeas y americanas. Pienso más bien en los muchos miles de campesinas pobres y: obreras de los campos de arroz y de las plantaciones de algodón, de los campos de petróleo, etc., que en Turquía, en Turquestán, en Corea, en Japón, Mongolia, en la India, etc, han comenzado a rebelarse contra el doble yugo del hombre y del capital”.
Esta idea del «doble yugo» que plantea el problema de una opresión específica de la mujer como tal por el hombre, planea sobre su pensamiento, pero no acaba de sacar de ella todas sus consecuencias. A veces la utilizaba partiendo de una frase de Engels según la cual en el matrimonio rnonógamo, el burgués era el hombre y la proletaria la mujer:.. Pero su conclusión práctica- es diferente, no ve contradicciones en la pareja obrera como la vio Flora Tristán, y cree que cuando“el proletario dice: “Mi mujer”, y entiende: “La compañera de mis ideales, de mis luchas, la educadora de mis hijos para la batalla del futuro”»; dicho de otra manera, la cuestión de la mujer forma una parte indiferenciada de la lucha de clases, por lo tanto:
–No tiene por qué haber una organización autónoma de las mujeres, porque: «…No hay más que un sólo movimiento, una sola organización de mujeres comunistas -antes socialistas- en el seno del partido comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas”. y esto se extiende a los otros niveles organizativos tradicionales.
–No hay tampoco unas reivindicaciones específicas en temas como la sexualidad y el matrimonio y aunque no dejaría a su manera de plantear algunas de sus dudas, afirma junto con Lenin: “La preocupación de las mujeres comunistas, el de las mujeres trabajadoras, debería centrarse entorno de la revolución proletaria que pondrá las bases, entre otras cosas, para la modificación de las relaciones materiales y sexuales” (9).
–No existen posibilidades de atraer a las filas socialistas a las mujeres provenientes de las clases explotadoras ya que para ellas se trata de una cuestión «moral y espiritual… del desarrollo de la propia personalidad”, mientras que para las trabajadoras se trata de algo más elemental, derivada “de la necesidad de explotación del capital”, y le preocupa «su tarea de esposa, de madre» y el hecho de que “sólo le quedan las migajas que la producción capitalista deja de caer en el suelo”.
Bajo este prisma reduccionista, el objetivo primordial de Clara Zetkin era ampliar el movimiento obrero hacia su otra mitad más sometida que la masculina. Exigían para las mujeres trabajadoras reivindicaciones fundamentales que aunque pueden parecer moderadas eran sumamente radicales incluso para unos sindicalistas que temían la competencia laboral de la mujer y querían que sus esposas se quedaran en casa para zurcirles los calcetines. No dudaba tampoco en levantar la bandera sufragista ya que se trataba ”no sólo de un derecho natural, sino también de un derecho social”, y claro está le daba un contenido social a este derecho, pero se negó a reivindicaciones específicas como la de la protección maternal.
Cuando Clara tomó partido por la opción comunista arrastró tras de sí a un número importante de las mujeres socialistas, pero en la Internacional Comunista encontró un clima tan preocupado por la revolución inmediata que se rechazó la idea de reproducir desde esta opción una organización similar a la socialista. En una de sus intervenciones en el Komintern propone la adopción de «remedios concretos y de órganos especiales que se encarguen de la agitación, organización y adiestramiento de las mujeres… considerando la especificidad cultural y moral de las mujeres», así como también, “la agitación programada y constante entre las mujeres todavía alejadas del partido, mediante asambleas públicas, debates y asambleas de fábricas, asambleas de amas de casa, conferencias de delegadas sin partido y apolíticas, agitaciones en las casas…”. Pero a pesar de contar con el apoyo de Lenin y Trotsky sus planteamientos quedan en minoría, incluso entre las propias mujeres delegadas.
Estas ideas que se inscriben perfectamente en el esquema de frente único desarrollado desde el tercer congreso de la Internacional, insisten también en la necesidad de un Congreso internacional de mujeres de todas las tendencias socialistas, sin pretensiones de hegemonía partidista y en el que la fracción comunista debía de luchar lealmente. Este Congreso:
“…debería tratar en primer lugar el derecho de la mujer al trabajo profesional. En este punto se hubieran debido de incluir las cuestiones de desocupación, de igual salario a igual trabajo, de la jornada legal de ocho horas, de la legislación protectora de la mujer, del sindicato y de las organizaciones profesionales, de las previsiones sociales para la madre y el niño. de las instituciones sociales para ayudar al ama de casa y a la madre, etc… El orden del día hubiera debido de incluir el siguiente tema: La situación de la mujer en el derecho matrimonial y familiar y en el derecho público político”. (10)
Este texto demuestra la maduración de Clara que deberá de abandonar el grueso de sus tareas en el terreno de la organización de la mujer para centrarse en las de la dirección del partido y de la Internacional Comunista. Luego, después de las sucesivas derrotas del proletariado europeo y alemán sobre todo, el ascenso del estalinismo y de las normas burocráticas, el tema de la organización de la mujer se iría perdiendo para reaparecer en el período del Frente Popular pero con un sentido muy distinto, por no decir opuesto, al que ella protagonizó.
Cuando en 1914 la socialdemocracia alemana e internacional realizan su extraordinario giro hacia el socialpatriotismo, Clara Zetkin tiene ya 53 años, pero no le faltaron las fuerzas para alinearse desde el primer momento con la fracción llamada “espartaquista” en la defensa de los ideales internacionalistas y revolucionarios del socialismo. Un año más tarde encabeza la Conferencia Internacional de mujeres socialistas, uno de los actos antiguerra más importante del período bélico y en la que se exige el fin de las hostilidades así como una paz sin anexiones ni conquistas que reconociera a los pueblos el derecho a disponer de sí libremente.
Una vez bajo estos principios democráticos elementales, solamente podía, en su opinión:
“…conducir a los proletarios a liberarse del nacionalismo y a los partidos socialistas a recuperar su entera libertad para la lucha de clases. El fin de la guerra no puede ser alcanzado más que por la voluntad clara e inquebrantable de las masas populares de los países beligerantes. En favor de una acción, la Conferencia hace un llamamiento a las mujeres socialistas ya los partidos socialistas de todos los países: ¡Guerra a la guerra!” (11).
Las consecuencias de este acto, las purgó en palabras de Bujarín, «con una condena de cárcel. Pero no se ciñó la cabeza con una corona de espinas; vio en ello un episodio natural de la lucha, un cautiverio pasajero, al término del cual hay que empuñar nuevamente las armas y marchar otra vez al combate…” (12) A pesar de la represión continua que las autoridades y sus antiguos compañeros ejercen sobre los “espartaquistas”, Clara sigue al frente del bando internacionalista y dirigiendo el periódico de las mujeres socialistas hasta que en 1917 lo deberá abandonar por no seguir “la línea política del partido”. La revolución de Octubre de 1917 la entusiasma de pies a cabeza, y así lo manifiesta al escribir:
“La Rusia socialista y soviética, escribe, será para nosotros un símbolo, una esperanza y una garantía del advenimiento de los tiempos nuevos que surgirán del caos de la sociedad burguesa. El proletariado combatiente de la Alemania revolucionaria debe construir un puente a través del cual el fuego purificador de la revolución, destructor del capitalismo, se extenderá de Oriente a Occidente. ¡Preparémonos! ¡Pongamos en tensión nuestros músculos, el trabajo y en la lucha, a fin de que la obra se convierta en espíritu y el espíritu en obra! ¡Espartaco, levanta más alto la bandera! ¡Esclavos, adelante! ¡Todo por la revolución! ¡Todos por la revolución!”.
Durante este agitado período que se abre, participará a pesar de su precario estado de salud, en los acontecimientos de noviembre de 1918 que se inician como un cambio constitucional pero que abren también las puertas a otra opción que ella establece de la siguiente manera:
“Reforma burguesa o revolución proletaria, he aquí la cuestión. En otros términos: nueva forma de gobierno o régimen nuevo, desarrollo completo del reino de la burguesía por medio de la democracia burguesa y, por consiguiente, existencia ulterior de la sociedad capitalista, o dictadura de clase proletaria, realizable por el régimen soviético, e instauración del socialismo” (13).
En noviembre de 1917 había fundado el suplemento femenino del periódico “espartakista” Leipziger Volkezeitung, y en 1920 fue elegida presidenta del Movimiento internacional de mujeres socialistas, aunque lentamente una fracción mayoritaria se ha ido decantando hacia el viejo hogar de la socialdemocracia que ya no estaba ocupado por los mismos dirigentes ni se orientaba con la misma brújula política. Dirigente de primer plano en el recién creado Partido Comunista alemán, Clara toma parte en las jornadas revolucionarias de enero de 1919 que concluirán con el asesinato de sus mejores amigos, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Leo Jogiches y el fallecimiento natural -pero adelantado por los hechos- del veterano historiador y militante revolcionario Frank Merhing. El temple de Clara se hace ostensible cuando responde a este drama diciendo:
“No lloraremos a nuestros muertos, hay que luchar”.
Desde la fundación de la Internacional Comunista, Clara pasa a ocupar un cargo dirigente en ésta, combinando siempre sus actividades internacionales con las alemanas. Su militancia durante estos primeros años será particularmente intensa: escribe en varios periódicos, interviene en numerosas campañas de agitación, participa en los debates de los Congresos y Conferencias, habla en el parlamento… Entre sus numerosos viajes de entonces hay que destacar el que le llevó al Congreso de Tours en el que tenía que decidirse la actitud a tomar ante la Internacional Comunista. Su intervención en el Congreso fue, según todos los testimonios, decisiva para decantar la mayoría hacia el comunismo. Había llegado a Francia viajando clandestinamente y su dominio de la lengua y sobre todo de la historia y la situación francesa causó una honda impresión entre los congresistas.
En 1920 visitó por primera vez la Rusia soviética con motivo del II Congreso de la Internacional. Desde este entonces sus visitas se harán cada vez más continuadas.
En marzo de 1921, el partido comunista alemán, dirigido por la fracción izquierdista -que partía del supuesto de que la hora de la revolución ya había llegado y que sólo era necesario que la vanguardia llevara adelante una ofensiva ejemplar que galvanizara a los obreros- protagoniza un puch que termina en el desastre. Clara Zetkin, que junto con Paul Levi se había opuesto a la aventura, formó con éste una fracción alternativa que planteaba ya algunos de los elementos -conquista de las masas, trabajo en el seno de los sindicatos, unidad y crítica con la socialdemocracia, etc., de lo que más tarde será la política de frente único. Las diferencias internas en el partido se saldará con una grave crisis que concluirá con la expulsión de Paul Levi que, al contrario que ella, había planteado sus posiciones de una manera extrapartidaria.
La política de frente único abrirá un nuevo período de recuperación de fuerzas en el seno de los comunistas alemanes en cuyo frente se encuentra Heinrich Brandler apoyado por Clara. Sin embargo, entre el esquema de frente único de Lenin, Trotsky y Rádeck y el de la dirección alemana existirá una diferencia que se hará notar durante los acontecimientos revolucionarios de 1923. Para los primeros la acumulación de fuerzas no puede desarrollarse sin un techo, en un momento dado hay que plantearse la cuestión de la insurrección; para los segundos, la hora de la insurrección queda muy lejana y cuando la revolución se pone al orden del día se ven sobrepasados por los acontecimientos. Este fracaso será decisivo, y cerrará toda una época -que podíamos llamar leninista-, el comunismo alemán e internacional, causando un repliegue que será determinante para la emergencia del estalinismo. La dirección «zinovievista» de la Internacional que había de hecho’ dirigido la política del Partido Comunista alemán, hace de Heinrich Brandler el “chivo expiatorio” de la derrota. Este hecho lleva a Clara a simpatizar con la primera Oposición de izquierda dentro de un partido bolchevique cada vez más estatalizado. (14)
En los años siguientes, Clara se convertirá (como ya he dicho) en una figura decorativa en un partido que ha perdido por la muerte o la disidencia a sus más cualificados dirigentes y en una Internacional cuyo rumbo empieza a cambiar hasta dar un giro de ciento ochenta grados: la revolución mundial pasará a ser un señuelo propagandístico y lo realmente importante llegará a ser la construcción del «socialismo» (en versión estalinista) en un sólo país. En 1924 asume la presidencia del Socorro Rojo Internacional que llevará adelante algunas campañas célebres como la defensa de Sacco y Vanzetti. Su última actuación que recordara sus mejores tiempos tiene lugar el 30 de agosto de 1932, cuando estaba enferma y medio ciega, el día de la apertura del Reichstag. Por su edad ella preside la sesión y en su intervención exige la creación de un frente proletario entre comunistas y socialdemócratas contra el nazi-fascismo.
Por esta idea su viejo amigo León Trotsky era considerado como el peor de los enemigos del comunismo ya que Stalin había impuesto una idea opuesta: el principal adversario de los comunistas alemanes eran los socialdemócratas. Clara Zetkin falleció el año siguiente en el sanatorio de Archangelskoje, en las proximidades de Moscú y sus restos mortales fueron depositados en las murallas del Kremlin con grandes honores.
Saturday, May 2, 2009
Elena Valenciano
Biografía 
Nacida el 18 de septiembre de 1960, en Madrid. Estudios en Derecho y Ciencias Políticas. Afiliada desde 1975 a las Juventudes Socialistas de España y desde 1978 al PSOE.
Diputada electa al Congreso de los diputados, secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE y miembro del Comité Federal desde marzo 2007 a la actualidad.
Diputada al Parlamento Europeo (1999-2008), donde ha ejercido como portavoz socialista de la comisión de Derechos Humanos y miembro titular de las comisiones de Asuntos Exteriores y de Desarrollo y Cooperación.
En 2000 formó parte dela Comisión Política del PSOE y de 2000 a 2004 fue miembro del Comité Federal del PSOE, volviendo a ocupar este cargo en 2007.
Ha sido coordinadora Nacional del Lobby Europeo de Mujeres (1992-1994), vocal del Movimiento Europeo (desde 2004), fundadora y primera presidenta de la Asociación Mujeres Jóvenes (1984-1990), desde 1999 es presidenta de la Fundación Mujeres y este año (2008) ha sido nombrada presidenta de la Asociación Aquellos Jóvenes.
El feminismo socialista
El feminismo socialista;
Qué es y cómo plantea la superación dialéctica del feminismo clásico y el punto de vista del primer marxismo sobre la liberación de la mujer.
POR UNA SOCIEDAD SIN CLASES Y SIN GÉNEROS.
Cuando la feminista socialista H. Hartmann afirmó en 1979 que las categorías marxistas son ciegas al sexo, puso el dedo en la llaga de los errores centenarios sobre los que se ha levantado dolorosamente la lucha por la liberación de las mujeres, lo mismo en la tradición burguesa que en la tradición marxista, sea socialdemócrata o revolucionaria.
¿Había que descubrir un nuevo paradigma para la comprensión de los géneros? Tal vez no sea imprescindible, puede que sean útiles el método y los instrumentos de observación y tan sólo necesitemos cambiar alguna lente, corregir el ángulo y aplicar el protocolo (marxista) sin interpretaciones previas de la realidad, es decir, sin prejuicios. Bastará con preguntar quién produce qué y quién se apropia del producto. Hagamos el intento.
Sostener que el patriarcado precede en el tiempo al surgimiento del capitalismo resulta hoy una obviedad. ¿O es que existía la igualdad entre hombres y mujeres en el feudalismo, en la Grecia clásica o en la Roma imperial, en la Civilización china, en Japón o en el Imperio inca? El capitalismo no inventó el patriarcado, obviamente. El propio Engels sitúa el origen de la opresión de las mujeres en el surgimiento de la propiedad privada de la tierra y del ganado, aunque después nos sorprende con una contradicción impropia según la cual las mujeres gozaban de reconocimiento social y respeto en toda la Historia hasta la llegada del capitalismo. Al parecer el capitalismo nos deja sin trabajo productivo y perdemos posición y autoridad. Es cierto que el capitalismo transforma las relaciones patriarcales, al igual que la existencia previa del patriarcado determina importantes aspectos del sistema capitalista. Pero Engels confunde lo particular o específico del patriarcado en el marco de la producción capitalista con el propio capitalismo. Ambos sistemas son clasistas y probablemente sea el patriarcado la primera forma de clasismo, muy bien aprovechada siglos después por el capitalismo, hasta el punto de que se hallan tan estrechamente interrelacionados que difícilmente se puede concebir o explicar un sistema sin el otro, pero esto no implica que deban teorizarse como una sola cosa. Son dos sistemas independientes que se refuerzan y determinan cada uno por el otro.
El pensamiento de Marx y Engels adolece de eurocentrismo y de sexismo. Intentaron construir un sistema en el que integrar todos los fenómenos sociales y toda la historia.
La potencia del análisis de clases es tan fuerte que eclipsó el desarrollo teórico de la relación entre los sexos, y la cuestión feminista se calzó dentro de la clase para que el esquema fuese perfecto. No detectaron la ideología patriarcal, subyacente a su propio esquema, que desprecia los intereses de las mujeres y encarnaron esa subordinación al pensar sobre el asunto. La ideología del patriarcado devalúa los trabajos “propios del género femenino” y los segrega del resto de trabajos necesarios para el sostenimiento de la vida diseñando una dicotomía artificial entre la familia y el trabajo “productivo”. Y en esa división las mujeres se subordinan a los hombres.
Engels es consciente de ello pero responsabiliza únicamente al capitalismo sin tomar conciencia de que éste se limita a adaptar y profundizar un conflicto heredado, confiando en una fácil resolución a manos de la colectivización del trabajo doméstico.
En la actualidad resulta difícil comprender cómo es posible que Engels no reparase en el hecho de que las mujeres de la Edad Media estaban profundamente subordinadas a los hombres pese a realizar un trabajo productivo, al igual que las campesinas de cualquier época; y cómo es posible que Engels creyera que las mujeres (las de clase trabajadora) no hemos hecho trabajo productivo en algún momento. Las mujeres hemos trabajado siempre dentro y fuera de la familia, y cuando nos expulsaron de la fábrica trabajamos lavando sábanas, planchando camisas, vendiendo cerillas, cosiendo en casa para algún taller, limpiando portales o cuidando niños ajenos. Y, aunque no había una ley al uso, conseguíamos conciliar la vida familiar y laboral.
En ningún momento comprende Engels que el conflicto se da entre las mujeres y el Estado (capitalista) y entre las mujeres y los hombres. Comprender este doble conflicto es el gran logro del feminismo socialista. Pero Marx y Engels no sabían nada sobre el género porque la división sexual del trabajo les favorecía como individuos hombres y porque no aplicaron correctamente su propio método.
Las sufragistas de su época eran mayoritariamente burguesas de clase media y la separación de clase se impuso al descubrimiento que éstas efectuaron, aún muy rudimentario: que las mujeres estaban oprimidas por el hecho de ser mujeres. El pensamiento socialista de entonces debería haber alzado la bandera de la lucha feminista, evitar así el sesgo burgués, teorizar y apropiarse de una lucha que debe ser de la izquierda porque es anticlasista. Por el contrario esta lucha fue despreciada, atacada y se construyó una gran contradicción según la cual las mujeres no estaban oprimidas por el hecho de ser mujeres sino por pertenecer a la clase trabajadora, el desarrollo industrial igualaría a las mujeres con los hombres a medida que se incorporasen al trabajo en la fábrica, y la revolución socialista liberaría a hombres y mujeres de la explotación capitalista. Caso cerrado.
Pero triunfaron algunas revoluciones socialistas y comprobaron a pie de obra que la desigualdad entre hombres y mujeres, pese a los avances que éstas experimentaron, no desaparecían automáticamente, que no era suficiente poner fin a la propiedad privada de los medios de producción e incorporar a todas las mujeres al trabajo “productivo”.
Antes que Engels, Rousseau, el gran teórico de la burguesía, excluye a las mujeres del contrato social y de la igualdad de derechos políticos aplicando el anterior estatuto del feudalismo patriarcal: que hombres y mujeres son diferentes por naturaleza. Engels matiza el error pero sin llegar a superarlo: establece que la primera división del trabajo se da entre hombres y mujeres (correcto) pero que tal división es natural. Mantiene la contradicción burguesa y además introduce una nueva, específica del materialismo histórico primitivo, al argumentar que toda forma de organización de la producción y del trabajo es una organización social, excepto la que divide a hombres y mujeres, que es natural (¡toma anti-materialismo!). Engels, partiendo de un primer error, llega a otro que se ha demostrado ya como tal error. La incorporación de las mujeres al trabajo asalariado no ha traído la liberación, como preveía, sino la doble jornada.
El primer movimiento obrero y los sindicatos de la segunda mitad del siglo XIX, la etapa de Marx y Engels, tanto en Europa como en Estados Unidos, contribuyeron a adaptar la estructura patriarcal al flamante capitalismo; exigieron la exclusión de las mujeres de ciertos sectores industriales y de los sindicatos porque sus peores salarios competían a la baja con los de ellos en lugar de luchar por igual salario, expulsaron a las mujeres en lugar de organizarlas, forzaron leyes llamadas eufemísticamente de protección de las mujeres para evitar jornadas largas y trabajos pesados que su debilidad no podría soportar (pero esa protección se tradujo en que ellos se quedaron con los mejores trabajos y salarios), lucharon por el salario familiar para que "sus mujeres” volviesen al hogar y la familia estuviese mejor atendida sellando un lamentable pacto interclasista contra las obreras que se explica por las relaciones patriarcales entre hombres y mujeres y no sólo por los intereses del capitalismo.
Y argumentaban en estos términos tan panchos, sin cohibirse, ya que la ideología patriarcal no estaba contestada más que por las desprestigiadas sufragistas de clase media que ingenua o interesadamente creían que la igualdad de derechos políticos sellaría la igualdad real entre los sexos. También creyó en los derechos políticos el movimiento abolicionista (de la esclavitud) en Estados Unidos, pero nunca soportó críticas y desprecio tan virulentos. Las trabajadoras no tuvieron en ese momento capacidad para responder y organizarse, víctimas y reflejo de su histórica posición de subordinación en la sociedad.
Las organizaciones dirigidas por varones hablaron en su nombre, dictaron las pautas de la lucha obrera y ellas aceptaron. Es curioso que unas décadas después la izquierda adoptase la lucha por los derechos políticos y por el sufragio femenino como propia: eso que tanto habían denostado. Pero la realidad es tozuda y cualquier izquierda consecuente no tiene más remedio que aceptar tarde o temprano -en nuestro caso tarde- algo tan obvio como es el hecho de que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.
De manera que tenemos una tesis socialista según la cual no existe el problema de las mujeres sino únicamente el de las mujeres de clase obrera, y su opresión constituye la forma específica de explotación capitalista de las mujeres. Por otro lado aparece la antítesis feminista que sostiene que las mujeres en general sufren una opresión por el hecho de ser mujeres, que nada tiene que ver con la economía y la forma de producción sino con un sistema transversal que es el patriarcado, el cual es universal y se perpetúa a lo largo de la historia independientemente de la sociedad particular de que se trate.
Y finalmente, desde las filas socialistas, surge la síntesis del feminismo socialista desarrollado en los años setenta del siglo XX. Planteamiento que perfila el salto del feminismo utópico (marxista, burgués y radical) al feminismo científico.
Feminismo socialista
El patriarcado no es una cuestión fundamentalmente ideológica, no es sólo un elemento más de la superestructura capitalista. El patriarcado es un sistema de explotación de las mujeres por los hombres. Estos se apropian de trabajos y servicios producidos por las mujeres. Y constituye también un elemento del modo de producción: la producción y reproducción de la gente. El patriarcado ha desarrollado históricamente una enorme capacidad de adaptación al desarrollo económico y en la etapa del capitalismo establece una alianza muy ventajosa para ambos sistemas que se entrelazan como las hebras de una cuerda hasta parecer una misma cosa, alcanzando ambos mediante el pacto una fortaleza difícil de doblegar. Como tal sistema, tiene su propia ideología, subsumida en muchos aspectos en la ideología del capitalismo y viceversa.
El feminismo materialista descubre que las mujeres, además de trabajar para el capital reproduciendo a la clase obrera, construyendo una “balsa de aceite” (si bien, con sus propios conflictos internos) donde los proletarios descansan para volver al día siguiente a la fábrica bien lavados y planchados, listos para la explotación, y dulcificando el caos social de la lucha de clases mediante la estabilidad de la estructura familiar, las mujeres además hacen unos trabajos gratuitos para los hombres particulares en el marco de una relación de producción en la que se apropian del trabajo realizado por las mujeres.
Y esta relación de producción se extiende de forma transversal por toda la pirámide social, de modo que las mujeres de cualquier clase social sufren alguna forma de opresión y explotación, aunque de forma bien distinta y con posibilidades de superación tan alejadas como las clases sociales (tampoco todos los trabajadores o trabajadoras asalariados sufren la explotación capitalista de la misma forma, no desde luego comparten las mismas condiciones de vida un trabajador inmigrante senegalés o una trabajadora de las maquilas de Méjico que un informático madrileño).
Las palizas, las agresiones sexuales o el acoso se dan entre hombres y mujeres de cualquier clase social y no únicamente por parte del obrero alienado, frustrado y bebido que golpea a su mujer. Y, en cualquier caso, lo que hay que preguntarse es por qué ese obrero considera a su mujer como una propiedad; por qué el obrero, el campesino, el intelectual o el burgués (o el señor y el siervo) tienen derecho de propiedad sobre las mujeres y sobre los trabajos que éstas realizan. Y por qué la crianza, socialización y educación de los hijos e hijas del obrero, del campesino, del intelectual o del burgués son asunto de sus esposas.
Por ello decimos que el patriarcado es transversal. Por ello existen experiencias similares entre mujeres de distinta clase social, que no padecen ni comprenden hombres de una u otra clase social ¿Para quién hacen un trabajo gratuito las mujeres y dentro de qué relaciones de producción se realiza? Esta es la pregunta del feminismo socialista.
Base material del patriarcado en su etapa capitalista.
Si entre hombres y mujeres existen relaciones de producción, debemos establecer la base material sobre la que se establece tal relación.
Tres elementos fundamentales constituyen la base material del patriarcado: el trabajo doméstico, la crianza de los hijos e hijas y la producción de amor (afectivo y sexual, el primero dentro y fuera de la pareja -en la amistad, en el trabajo, en la política- y el segundo lógicamente en la pareja heterosexual). O sea: Sus Labores.
Todas sabemos de qué trabajos hablamos; ellos no tanto pero se hacen una idea porque muchos ayudan, incluso los hay que colaboran, y mientras ella hace la limpieza chunga el sábado por la mañana él se lleva a las niñas al parque con el periódico bajo el brazo, y por la tarde toda la familia va al centro comercial con la lista de la compra semanal que elaboró la mamá, que es la que organiza.
Pero además, hay que comprender que las necesidades de las personas no se limitan a la comida, el vestido y la casa. Para que una persona se socialice correctamente, llegue a convertirse en un individuo adulto con sus capacidades relacionales desarrolladas, en un ser social pleno, necesita cuidados y afectos: amor. Y esta necesidad no cesa al alcanzar la mayoría de edad, es una necesidad que, como el alimento y el abrigo, dura toda la vida. Sin embargo el intercambio es desigual entre hombres y mujeres. Los hombres se apropian de mayor cantidad de amor (cuidados, afectos y placer erótico) del que devuelven. Este desigual intercambio alimenta su mayor autoestima y autoridad reconocida socialmente (las mujeres y el descanso del guerrero en versión moderna).
Estos trabajos los realizan tanto las mujeres que además tienen un trabajo asalariado como las que no lo tienen. Y, al igual que el capitalismo extrae la fuerza laboral durante un tiempo mayor del que paga y se apropia del producto, los hombres se apropian del trabajo de las mujeres gratuitamente o a cambio del sustento (aunque ese sustento varíe mucho según la clase social del hombre concreto de que se trate). Estructura similar de explotación del capitalista y el trabajador y del hombre y la mujer. Engels afirmó con acierto que en la familia el hombre ejercía el rol del burgués y la mujer el del proletario.
Las mujeres somos más pobres y más dependientes que los hombres, no sólo porque nuestro salario sea un 35 % más bajo que el de ellos, sino porque el cuidado de los hijos e hijas, las tareas domésticas y la atención de los demás nos impide formarnos y ascender. Y cuando nos separamos tenemos peores trabajos, peores salarios, mayores gastos y mayor dependencia de los hombres, que siguen teniendo la llave que gobierna nuestras vidas.
Qué socialismo necesitamos las mujeres
El histórico conflicto entre marxismo y feminismo ha resultado muy perjudicial para ambas luchas pero sobre todo para el feminismo, que padeció la subordinación sistemática ante la potencia del movimiento obrero y la jerarquía de contradicciones principales y secundarias. La división en dos frentes irreconciliables polarizó, cuando no enfrentó, dos corrientes de pensamiento que combaten el clasismo; y no debe ser excusa considerar la implicación liberal de un sector del feminismo, merecidamente criticado, para silenciar a otro sector insuficientemente comprendido.
También la lucha por el socialismo ha resultado dañada al excluir de sus parámetros el conocimiento del patriarcado y la verdadera relación entre hombres y mujeres y entre capitalismo y patriarcado, propiciando la frustración de muchas mujeres ante la parálisis del debate feminista en organizaciones políticas bajo direcciones machistas.
Algunas de estas mujeres, no obstante, dedicaron mucha energía al desarrollo de un socialismo feminista verdaderamente liberador tanto de la estructura de clase como de la de género.
Durante la segunda ola del feminismo en los años setenta surgieron una multitud de grupos de mujeres reclamando la independencia respecto de las organizaciones políticas para desarrollar una teoría no contaminada y no subordinada. En muchísimos pueblos y barrios del estado español dirigieron las luchas por el derecho al divorcio y al aborto, por una sexualidad libre, por la planificación familiar, por la incorporación al mercado de trabajo y en general por la liberación de las mujeres. En sus filas y entre sus dirigentes se situaron mujeres socialistas que defendían la necesidad de la doble militancia o que, rebotadas con la cerrazón de sus partidos o sindicatos, los abandonaban. No tuvieron opción. Levantaron, a la defensiva, el discurso de la independencia y desde esa independencia organizativa llamaron a las mujeres de cualquier ideología a la lucha por la liberación dando lugar al feminismo radical. Pero la falta de referentes políticos, al igual que ocurre con los sindicatos “independientes”, sembró un camino de confusiones, derivas y sesgos que culminaron con el abandono total del polo socialista dentro del movimiento.
No debemos repetir los mismos errores.
Hoy, tras la derrota histórica de los intentos revolucionarios del siglo XX, tratamos de comprender los aciertos y los errores del socialismo real y consideramos la necesidad de formular un socialismo para el futuro que integre problemas desdeñados en fases anteriores y conflictos nuevos surgidos en el imparable desarrollo del capitalismo. La liberación de las mujeres merece ser uno de ellos.
Las organizaciones políticas deben asumir el feminismo socialista y contribuir al desarrollo de frentes feministas en su interior para que el socialismo que logremos no sea patriarcal. Los compañeros han de reconocer que los hombres gozan de privilegios a costa de las mujeres y que esos privilegios deben desaparecer.